REVUELTO DE CEBOLLAS DULCES



     Hoy me vais a permitir una licencia. Me vais a permitir que me aleje un poco de la línea que vengo siguiendo en todas y cada una de mis entradas y que desde mi atalaya, dedique ésta a un personaje que ha formado parte de algunas de ellas, pero que sobre todo es una persona que forma parte de mi vida, aunque intentaré no perder el sentido del humor, ese humor que ella me inspira y me alienta.

     Los que me conocéis desde hace tiempo habéis oído hablar de "Mariquilla la del Peo", según ella "la más desgraciá der mundo". Pues voy a tener que empezar a creerte querida María, y espero que desde esa cama de hospital donde te recuperas de ese fatídico ictus que sufriste hace unos días, veas cumplido tu deseo, ese que me pediste hace muy poquito y que hoy, muy a mi pesar, voy a hacer realidad

     María ha sido una mujer maltratada, no sólo por un ser despreciable que volvía a casa borracho un día sí y otro también y le propinaba unas palizas cuyas secuelas todavía viene arrastrando, sino por la vida, una de tantas que junto con personas desahuciadas, huérfan@s, delincuentes, obes@s, divorciad@s, anoréxic@s, inmigrantes, drogadict@s, violad@s  y enferm@s  han pasado y pasan por mi mesa a diario desde hace 22 años que son los que llevo prestando servicio público con la mismas ganas e ilusión que el primer día. Es a ellos a quienes me debo, a ellos a quienes me dirijo y a ellos a quienes hoy dedico esta entrada y en especial a María, que al final se salió con la suya cuando hace unos días me dijo: "Niño, a ver cuando me sacas otra vé en el interné". Pues aquí estás corazón, no como hubiera querido, no riéndonos de nosotros ni con nosotros, que es lo que a ella le gusta, como sé que también le encanta que la nombre, ese simple gesto la hace sentirse "famosa" y feliz y hoy me siento frustrado, frustrado porque mis palabras no puedan devolverte la sonrisa, ni te evadan de la realidad apenas 5 minutos, pero yo te prometo mi querida María que cuando salgas de ésta, que espero que sea más pronto que tarde,  te cogeré del brazo y aunque tenga que ponerte unos patines para que sigas mi ritmo, nos iremos por la ruta del colesterol, tú con tus mayas apretás y yo con mi mono de ciclista y nos reiremos y lloraremos y me contarás tus experiencias en el hospital, y de ello sacaremos chistes y gritaremos EL MUNDO ES NUESTRO!!!.

          Y mira, a ver si reconoces éstas cebollas que con tanto cariño me trajiste hace poco de la huerta de tu yerno, pues las he cocinado en tu honor y con todo mi amor. Va por tí María. 

INGREDIENTES PARA 4 PERSONAS:
  • 3 cebollas dulces (la cebolla dulce se caracteriza porque tiene un sabor suave, suculento, practicamente no pica y no tiene un sabor desagradable al paladar, porque tiene unos bajos niveles de complejos de azufre que es lo que causa precisamente picor, lagrimeo e indigestión.)
  • 6 huevos.
  • Sal y Aceite de Oliva Virgen Extra.
PREPARACIÓN:
  1. Pelamos y cortamos las cebollas en juliana.
  2. La pochamos en una sarten con Aceite de Oliva Virgen Extra y salamos ligeramente, ésto ayuda a que se pochen más rapidamente.
  3. Una vez pochadas, cascamos los huevos. A mí me gusta ir removiendo la clara con una cuchara de madera, para hacer que ésta se cuaje, y luego remuevo las yemas dejándolas al punto deseado, que en mi caso es más bien poco hechas (eso al gusto).
  4. Rectificamos la sal y servimos.


     Quiero terminar ésta entrada con un canto al optimismo, NO DEJÉIS QUE NADA NI NADIE os impida conseguir vuestros objetivos por muy inalcalzables que éstos parezcan, SIEMPRE HAY ESPERANZAS. Dale al play.
                           
                                                                   



 
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